d e s a t á n d o n o s

Todos necesitamos creer en algo, al menos no perder la fé, salir del agua si te estás ahogando, al menos intentar crecer.
Deja fluir lo que tienes dentro, vale mucho más. Elevarse, sentir y comprender es mas puro.
Y que todo el alma se disuelva en el amor.






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viernes, 1 de mayo de 2009

Que hay en tu corazÓn ?

Necesito un poco más comprenderte de verdad abrazarte y poder soltar me quieren atrapar saber que cerca estás que con eso alcanzará ser amigos antes de empezar lo que es ser a estar mal todo el amor que tenés para dar que mira a estallar es el destino que no aguanta más ese desierto sin poblar estát odo el amor que tenés para darque mira a estallar...bombardear, colocar, derrivar estoy sembrando en tu corazon ecos de una vibración un mounstro esperando amor que sabe de germinación.
Y el amor es mucho mas complejo de lo que uno cree. Podríamos decir, aunque suene esquemático, que hay tres momentos en el desarrollo de un amor maduro: enamoramiento, desilusión y aceptación de la realidad. En el primer momento, el amado es alguien maravilloso, no tiene defectos, nadie es mejor que él, está terriblemente idealizado, casi endiosado. El amado se ve engrandecido y en cambio uno se va empequeñeciendo, hasta el punto tal de no poder entender cómo alguien tan perfecto se ha fijado en uno. En el segundo momento comenzamos a percibir algunas imperfecciones en la persona amada. Vemos que ante determinadas situaciones su carácter no es el mejor, que en algunas cosas se equivoca, y esos rasgos, que ya estaban pero que el enamoramiento nos impedía percibir, nos producen pena y desilusión y así como en el primer momento ya queríamos casarnos y estar juntos para toda la vida, en este segundo momento es probable que queramos que se vaya para siempre. -Entonces, ¿Qué se debe hacer? -Reconocer que ambos momentos son engañosos, y que ninguno de los dos es el amor. ¿Y qué es el amor entonces? -El amor seria un tercer momento en el cual vemos al otro como es. Ni tan idealizado ni tan degradado. No es ni Dios ni el demonio. Disfrutamos sus virtudes y aceptamos sus faltas. Y a pesar de ellas lo aceptamos y podemos ser felices a su lado. Recién ahí podemos hablar de un amor maduro con posibilidades de proyectarse en el tiempo de una manera sana. Porque la clave del amor, (como me dijo alguna vez mi analista), está en reconocer los defectos el otro y preguntarse sinceramente si uno puede tolerarlos sin estar todo el tiempo protestando, y ser feliz a pesar de ellos. Silencio.

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